Los niños superdotados se sienten diferentes. Tienen unas necesidades especiales debido a sus aptitudes específicas y a un cociente intelectual que supera los 130 puntos. Con su capacidad excepcional para el aprendizaje, pueden aburrirse, frustrarse y fracasar en un sistema escolar estandarizado, que les impide seguir su precoz y acelerado ritmo.
Si un niño muestra desde muy corta edad un apetito voraz por la lectura, si al año y medio puede permanecer sentado viendo entera una película de dibujos, si con 24 meses realiza correctamente sencillas operaciones aritméticas, si a los dos años y medio sigue con interés los partidos de fútbol hasta su fin, o si a los tres es capaz de construir puzzles de hasta 300 piezas o de tocar el violín, será seguramente un niño superdotado.
La mayoría de los especialistas coinciden en que el mejor momento para evaluar y diagnosticar a los superdotados (o niños con altas capacidades, como también se les denomina ahora) es entre los cuatro y los ocho años. Estos pequeños se caracterizan, básicamente, por poseer un amplio vocabulario y un uso óptimo de él para su edad; tienen una gran capacidad para el pensamiento y el razonamiento complejos; son inusitadamente hábiles para el pensamiento simbólico (habilidades matemáticas) y también tienen una gran capacidad de análisis y de síntesis para ver relaciones entre cosas y situaciones diferentes.
